Javier Raya Demidoff

Los Buscadores (La luz perdida – 1)

Desde hace generaciones, la vida en Los Tres Continentes se rige por los severos dictados de la Orden monástica del dios Kalyrs, que ensalza la fuerza, el valor y la fiereza por encima de todo. El superior Alwinus divide sus esfuerzos entre la persecución de los últimos magos y la inminente rebelión de los territorios del norte, que ansían independizarse.

Una noche, seis aventureros roban a la Orden un antiguo plano, mágico e indestructible, que les guiará en su búsqueda de Aretsán, el dios olvidado, y de Domork, el guardián del paraíso terrenal llamado El Descanso. Tras ellos se lanzan monjes y gobernadores provinciales. También un siniestro guerrero, vuelto de entre los muertos, que conoce la misión de los ladrones.

Pero todos ellos ignoran que, desde mucho tiempo atrás, un oscuro poder esperaba este momento, este robo, para poner en marcha sus propios planes para el futuro del mundo…


Los Profetas (La luz perdida – 2)

La guerra ha estallado en los Tres Continentes y las tropas fieles a la Orden de Kalyrs avanzan sobre los reinos del norte. Allí, los últimos hechiceros libres planean erradicar la noche eterna, que consume lentamente la vida en el mundo. Pero ignoran a qué fuerzas se enfrentan.

Encerrados en una mazmorra, los Buscadores todavía sueñan con hallar a Aretsán, el buen dios olvidado, y a Domork, el guardián del Descanso. No obstante, las tensiones internas y los errores del pasado ponen en riesgo la unidad del grupo y el futuro de su misión.

¿Y qué ha sido del Karnat? Para gran alivio de los Buscadores, el sanguinario Waldam ha desaparecido. Pero todos, especialmente Arcris, temen que se trate de algo temporal. ¿Podrán hacerle frente si sus caminos se cruzan de nuevo?


Sobre mí (Javier Raya Demidoff)

Nací en 1972 en Barcelona. Al menos, una parte de mí; la otra fue a parar a otros mundos, y por ellos vaga.

Ya en el colegio convertía las redacciones en el primer capítulo de alguna historia que luego desarrollaba por mi cuenta. Si los deberes incluían una redacción, el resto se quedaba para más tarde. Eso con suerte, porque estudiar, lo que se dice estudiar, era imposible si mi cabeza tenía alguna fantasía pendiente.

Pese a todo, la escuela no fue un desastre absoluto; con el tiempo me hice con el título de Periodismo, y con él he ido viviendo. Dicen que he estado tanto en medios de comunicación como en ONGs, asociaciones y grandes corporaciones. Puede que mi personalidad pública sí haya estado en esos sitios, pero mi identidad secreta ha seguido en las nubes.

Aun así, he tardado en animarme a publicar. Ha sido en 2020 cuando por fin he lanzado la bilogía fantástica de inspiración medieval La luz perdida (Universo de Letras), compuesta por Los Buscadores y Los Profetas. También he publicado un par de cuentos online (El abuelo, El flautista) y un compendio de microrrelatos (Palabras de tinta para ojos que escuchan).

En la cartera van madurando proyectos de distintos géneros (fantástico, romántico, de misterio y de ciencia-ficción), como una “space opera” que verá la luz en breve.